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22 MarLa lección sobre motivación que nos da el km 30 de una maratón

Participantes en una maratón con una motivación que les permite seguir corriendo
Tener un propósito claro es una de las mayores fuentes de motivación y felicidad en el trabajo. Especialmente en los momentos más complicados. ¿Qué podemos aprender del “muro de los 30 kilómetros” y cómo aplicarlo a nuestro trabajo?

Hace unas semanas mientras comía con los amigos de Alcañiz hablamos sobre la experiencia de correr una maratón (nada más y nada menos). Yo nunca he realizado esa prueba, pero siempre me ha fascinado. Sobre todo desde el punto de vista psicológico. Estuvimos comentando acerca de las diferentes sensaciones que vive el corredor a lo largo de los 42,2 kilómetros: la ilusión y motivación de la salida, los momentos de sufrimiento a lo largo del recorrido o la satisfacción de la llegada.

Al hablar de las dificultades que tiene la carrera, Pablo mencionó uno de los momentos clave: “el muro de los 30 kilómetros”. Antes de llegar a ese punto el corredor ya se siente muy cansado, incluso dolorido por todo el esfuerzo realizado hasta ese momento. Sin embargo, alrededor de ese maldito kilómetro el cuerpo dice basta. Las piernas envían un mensaje de alerta al cerebro advirtiendo que no pueden avanzar y ‘solicitan’ que abandone.

Es posiblemente el momento más duro de la carrera, no solo por el dolor físico, sino por la lucha interna entre continuar la prueba (sabiendo las consecuencias negativas que puede experimentar el cuerpo en los próximos días) o abandonar (sabiendo la frustración que generaría no haber conseguido ese reto para el que nos hemos preparado desde hace tiempo).

¿Cómo superar ese muro?

Existen ciertas similitudes con nuestro trabajo. En ocasiones desarrollamos tareas o proyectos que requieren cierto tiempo para ser completadas. Es muy posible que durante el proceso encontremos dificultades, más o menos complicadas. El kilómetro 30 de la maratón supone haber recorrido aproximadamente el 70% de la carrera. Hemos completado una parte importante de la prueba (o del proyecto) pero todavía queda lo más difícil: el 30% restante, con fatiga acumulada, con dolor y, en el caso de nuestro trabajo, con unos timings que cumplir.

En la maratón, el saboteador interno (esa vocecilla que trata de boicotearnos) nos dice que no podemos avanzar más. En nuestro trabajo, podría ser la vocecilla que susurra “no lo vas a conseguir”, “es mejor que abandones”, “no merece la pena continuar” y el resto del repertorio que seguramente todos conocemos. ¿Cómo superar ese momento? ¿Cómo vencer al saboteador?

Volviendo a la conversación con amigos, quedé impactado cuando al preguntarle a Pablo cómo se vence psicológicamente ‘el muro de los 30 kilómetros’ nos contesta diciendo: “En esos momentos tienes que preguntarte el porqué. ¿Por qué has decidido correr una maratón? ¿Qué es lo que te ha llevado a correr 42,2km?”. Desde luego: tiene que haber una razón muy fuerte que pueda compensar todo el esfuerzo realizado en la preparación de la carrera y todo el dolor físico que se siente durante y después de la misma. Si no, ¿por qué hacerlo?

El propósito responde a la pregunta: ¿por qué hacemos lo que hacemos?

El caso es que hay un vínculo directo con nuestro propósito en el trabajo. El propósito responde a la pregunta: ¿por qué hacemos lo que hacemos? ¿cuál es esa razón que nos levanta cada día por la mañana para ir a trabajar?. Y está demostrado que tener un propósito claro es una de las mayores fuentes de motivación y felicidad en nuestro trabajo.

Qué hago y cómo lo hago se procesa en nuestro cerebro racional. Volviendo al corredor, si tuviese que decidir qué hacer en el kilómetro 30, muy posiblemente abandonaría de inmediato: el dolor que vive durante la carrera (y el que sentirá en los días posteriores) le lleva a esa conclusión. Muy acertada, por cierto.

Sin embargo, hay una razón emocional (el porqué) que le empuja a continuar, la que le da la motivación. Va al inicio de todo para recordar por qué ha decido correr la maratón. ¿Se trata de un reto personal? ¿Demostrarse quizá que puede conseguir lo que se propone? ¿Querer probar dónde está su límite? Cada corredor tiene su motivo, su razón.

Del mismo modo, en el trabajo cada uno de nosotros debe saber por qué hace lo que hace (mucho más allá de tener un salario a final de mes). Tener un propósito fuerte y claro nos da una energía que no se acaba. Marca la diferencia en esos momentos tan difíciles anímicamente que todos vivimos en nuestros trabajos. Y, lo más importante, nos hace sentir mejor al superar nuestros retos. Tener un propósito nos hace más felices.

Conclusión

Existen muchas ocasiones en las que las circunstancias en nuestro trabajo son muy complicadas y algo dentro de nuestra mente dice basta. En esos momentos es bueno parar y reflexionar para preguntarnos: ¿Por qué? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Qué me ha traído hasta aquí? ¿Qué me movió a realizar este trabajo? Es el momento de rescatar nuestro propósito.

Si encontramos y desarrollamos esa razón, ese sentido de nuestro trabajo, no solo conseguiremos una motivación extraordinaria en nuestro día a día, sino que además tendremos la satisfacción de sentir que nuestro esfuerzo mereció la pena. Como el del corredor de maratón que traspasa el muro de los 30 kilómetros y consigue acabar la carrera.

Y en tu caso… ¿cuál es tu propósito?

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